Domingo 6 de abril de 2008
3° Domingo de Pascua
(Ciclo A)
Evangelio según San
Lucas 24, 13-35
Jesús Resucitado,
los discípulos de Emaús: la Eucaristía
¡Es tan grande la experiencia del Resucitado que es imposible abarcarla totalmente! Y también es cierto, y de
un reconocimiento muy claro, que todos nosotros tenemos una cierta incapacidad para
poder descubrirlo y reconocerlo.
Por eso siempre es importante
darnos cuenta del auxilio que necesitamos, la fuerza del Espíritu Santo, para poder
descubrir y reconocer al Señor, al Mesías, al Enviado, al Ungido, al Resucitado.
¡No podemos si no contamos con la ayuda y el auxilio de Dios!
La fe es objetiva y no un invento
subjetivo de un producto de la necesidad humana, sino que es el asentimiento de
algo objetivo, algo dado. Lo divino que se revela y lo humano que conciente. Los
discípulos de Emaús tenían fe, pero no lo reconocen porque tenían una fe insuficiente,
limitada, inmadura, no crecida.
Eso nos puede pasar también
a nosotros, que muchas veces hemos recibido la gracia de Dios, hemos recibido el
perdón de Dios, hemos recibido la Eucaristía , hemos vivido momentos muy importantes
pero luego, en el vaivén de los tiempos, uno se descorazona, se desanima, de desilusiona,
se torna escéptico, desconfiado. Y a Cristo sólo se lo reconoce “al partir el pan”,
¡ la Eucaristía !
El Señor se quiso quedar en
al Eucaristía que es cúlmen y fin de toda la vida cristiana. No es un grupo reunido
alrededor de sus intereses personales o de un ideal de filantropía o filosófico
o un código moral. ¡Estamos reunidos, en la Eucaristía , alrededor de la Persona
por excelencia: Cristo crucificado y resucitado! ¡Es la fuerza unificadora que nos
envía a la comunidad y a los demás!
La Eucaristía es un encuentro profundo con el Señor pero que nos lleva a dos realidades:
a la evangelización, la misión y nos lleva a lo social. Compartir el pan es un reclamo
preciso para poder compartir otro pan: el compromiso de la justicia, de la solidaridad,
de la defensa de aquellas injusticias y sistemas sociales equivocados. La Eucaristía
es recibir a Dios que es la VIDA y es expulsar de nosotros todo vestigio de pecado,
de egoísmo o de injusticia.
También nosotros lo reconocemos
a El “al partir el pan” porque la Eucaristía es el encuentro más profundo para cumplir
con nuestra misión y tratar a los otros como hermanos. Fijémonos a través de las
diferencias sociales, de las clases, de las naciones, de los continentes, a veces
cuánta gente sufre de más. Cuántas veces la gente se encuentra en un estado de “la
cólera del pobre”, que el pobre sufre. Por eso la Eucaristía nos lleva a tener un
trato equitativo y justo con los demás.
Queridos hermanos, pidamos
al Señor que aumente nuestra fe, no sólo para compartir le Pan de la Palabra , no
sólo para compartir le Pan de la Eucaristía , sino también para compartir la suerte
de todos nuestros hermanos, en especial de aquellos que sufren más.
Les dejo mi bendición: en el
Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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OBISPADO DE
AVELLANEDA LANÚS
Oficina de Prensa
(01 de abril de 2008)
SEMINARIO
DIOCESANO
El Seminario Diocesano Pablo
VI invita a la Celebración Eucarística que se llevará a cabo en la parroquia Sagrado
Corazón (Ituzaingo 1147, Lanús Este), el sábado 5 de abril a las
11.00 hs., en la que Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de la diócesis de Avellaneda
Lanús, admitirá a las sagradas órdenes a Adrián Marzilli, instituirá como lectores
a Leonardo Chimento y Sebastián Calabrese, e instituirá acólitos a Rodolfo Véliz
y Pablo Balario.
RENOVACIÓN
CARISMATICA CATÓLICA
Desde el próximo 4 de
abril y hasta el viernes 9 de Mayo (sólo los viernes), en el horario de 19 a 21.30,
la Renovación Carismática Católica de la diócesis de Avellaneda-Lanús,
invita a participar de un nuevo SEMINARIO DE VIDA EN EL ESPÍRITU que se llevará
a cabo en la parroquia Nuestra Señora de la Paz (Fabián Onsari 1534- Wilde)
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OBISPADO DE
AVELLANEDA LANÚS
Oficina de Prensa
(29 de febrero 2008)
MISA EN MEMORIA
DE MONS QUARRACINO
El obispo de la diócesis de
Avellaneda Lanús, Mons. Rubén Oscar Frassia, presidió la Eucaristía
en memoria del Cardenal Antonio Quarracino, en la Catedral diocesana Nuestra Señora de la Asunción, al cumplirse diez años de su fallecimiento. La Santa Misa fue concelebrada
por el Arzobispo de Mercedes Lujan, Mons. Rubén Di Monte y sacerdotes diocesanos.
Además contó con la presencia de religiosos y fieles laicos.
En su recuerdo, Mons. Frassia dijo que “una
característica de Monseñor era su bondad y su afabilidad. Era un
pastor que estaba muy cercano a la gente, a los sacerdotes y cuando tenía necesidad
de recurrir a él, podía encontrarlo y él atendía. Yo tengo un agradecimiento muy
especial al querido Cardenal Quarracino.”
Mons. Rubén Di Monte fue el cuarto obispo de Avellaneda
y tiene de Mons. Quarracino un imborrable recuerdo. Al finalizar la Misa agregó:
“desde mis diez años, cuando me recibió en el seminario de Mercedes, fue mi formador
y profesor durante los doce años de seminarista. Muchas veces fue mi confesor. Con
el Cardenal Pironio, Siervo de Dios, fueron quienes desde mi tierna infancia tuvieron
tanto que ver en mi vida. Fue para mi un padre y un amigo que me aconsejó en toda
mi vida. Y por haber seguido el curso de sus consejos me libré del peligro y de
muchos problemas. Aprendí junto a él cómo se es Obispo ya que pude acompañarlo en
algunas cosas. Conservo un recuerdo de ausencia y de presencia en estos diez años
en los cuales no está junto a mí, pero yo siento que siempre está. Con él aprendí a servir.”
Homilia
Misa por el 10º aniversario de Mons. Quarracino
Catedral Nuestra Señora de la Asunción
28 de febrero de 2008
Querido señor arzobispo de Mercedes Luján, Mons. Rubén Di Monte
Queridos sacerdotes
Queridos hermanos y hermanas
Nos pusimos de acuerdo con Mons. Di Monte para que yo haga la homilía, con una breve
referencia a Mons. Quarracino y, antes de finalizar la Misa, él va a dar su pensamiento
sobre el Cardenal a quien tanto conoció y que me parece más apropiado su palabra.
En primer lugar: el Cardenal Quarracino fue quien me ordenó obispo en Buenos Aires
y tengo un grato recuerdo de él cuando yo era párroco allí en San Cayetano., de
Liniers. Cuando venía, en sus visitas pastorales, lo característico que tengo de
Monseñor era su bondad y su afabilidad. Era un pastor que estaba muy cercano a la
gente, a los sacerdotes y cuando uno tenía necesidad de recurrir a él, uno podía
encontrarlo y él lo atendía. Yo tengo un agradecimiento muy especial al querido
Cardenal Quarracino.
En segundo lugar y en cuanto a la Palabra de Dios: estamos en plena Cuaresma, somos
dirigidos hacia la Pascua y tenemos una vocación única y extraordinaria de ponernos
en camino para encontrarnos con el Señor. La Palabra de Dios, que tiene que ser
escuchada y puesta en práctica, la palabra más grande es que Jesucristo ha resucitado
y nosotros tenemos la dicha de vivir y de gozar de la resurrección del Señor. Ha
vencido al pecado y ha quitado la muerte para darnos la vida.
¿Nos parece poco lo que Dios nos ha conseguido en la cruz?
¡Si nos diéramos cuenta de la fuerza transformadora y transformante, de la vida
del resucitado en cada uno de nosotros, lo seguiríamos, lo imitaríamos y le seríamos
fieles! Esa fidelidad que siempre tenemos que buscar.
El pueblo de Israel no lo escuchó, no le fue fiel.
También podemos hacer, nosotros, lo mismo: ¡no lo escuchamos!, ¡no nos damos cuenta!,
¡no nos dimos cuenta!, ¡seguimos igual!
¡Seguimos con el formalismo de siempre!
¡Seguimos con el corazón endurecido, como si fuera una piedra!
¡No nos convertimos, por la presencia viva del Señor!
Y por ello es importante, en esta Cuaresma, tomar la decisión de escucharlo a El.
De hacer silencio, de aquietar las voces interiores, de dejar de lado los murmullos
que están en los pasillos interiores de la casa personal de cada uno de nosotros.
Y escuchar al Señor para serle fiel, para obedecerle, para vivir de acuerdo a nuestra
vocación humana y cristiana, y a nuestra misión.
Cristo trae un mensaje, vence al pecado. ¡La potencia de Dios! ¡Dios es omnipotente;
Dios puede y nadie puede contra El! Esa potencia de Dios tiene que estar más presente en nosotros para la construcción del Reino.
Y en tercer lugar: la misión que nosotros tenemos que cumplir. Hay una dificultad,
la indiferencia. O la dificultad es ser neutro, ni si ni no. Seguir igual, quedarnos
igual y dejar que el Señor pase y no pedirle que se quede con nosotros.
Hoy le pedimos a Jesús, al Señor que está vivo y resucitado, ¡que se quede con nosotros!
Está anocheciendo, que entre en nuestra vida, que nos colme con su presencia, que
nos de el gusto para vivir, gusto para testimoniar y que nos de gusto para ser un
buen creyente. Se lo pedimos hoy de todo corazón.
Que el Señor le haya dado el premio de la vida eterna al querido Cardenal Quarracino,
al querido Monseñor Berisso que falleció en enero y un diácono permanente
que muy pocos lo conocían, que venía de Lanús.
Que así sea.